top of page
Buscar

No naciste rota. Te enseñaron a verte así.

Actualizado: 12 abr

Hay frases que no son solo frases. Son verdades que llegan tarde, pero cuando llegan… lo cambian todo.


“No naciste rota, te enseñaron a verte así.”


Y entender esto no es fácil. Porque implica desmontar años de creencias que, sin darte cuenta, acabaste haciendo tuyas.


El bullying no empieza y termina en un aula.

No se queda en una etapa. No desaparece cuando creces.


El bullying se mete dentro de ti.


Se cuela en la forma en la que te miras al espejo.

En cómo interpretas el silencio de los demás.

En ese pensamiento automático que aparece sin que lo llames. Porque cuando eres adolescente, no tienes todavía una identidad sólida. Estás construyéndote. Y en ese proceso, lo que los demás dicen de ti pesa más de lo que debería.


Y ahí es donde empieza todo.


Cuando empiezas a creerte lo que nunca fue verdad. En uno de los capítulos de mi libro hablo de ese momento en el que dejas de cuestionar lo que te dicen… y empiezas a creértelo.


No de golpe. No de forma consciente.

Poco a poco. Primero duele. Después incomoda.

Y al final… se normaliza. “Soy rara.” “No encajo.”“Hay algo mal en mí.”


Y lo más duro no es que alguien lo diga. Es que tú empiezas a repetirlo por dentro.

Ahí es donde el bullying deja de ser externo… y pasa a vivir dentro de ti.


El espejo roto: cómo cambia la forma en la que te ves.


Hay otro capítulo en el que explico algo que me costó años entender. El problema no era quién era yo. Era cómo había aprendido a verme. El bullying no solo hiere. Distorsiona.

Es como si te pusieran delante un espejo roto y, durante años, te obligaran a mirarte solo a través de él. Y claro… acabas pensando que esa imagen eres tú. Pero no lo eres.


Esa imagen es el resultado de palabras, miradas, risas, silencios… que se fueron acumulando hasta construir una versión de ti que no es real.


Las consecuencias que nadie ve.


En el libro también hablo de lo que viene después.

De lo que no se ve. Porque mucha gente piensa que el bullying termina cuando deja de ocurrir.


Pero no. Ahí es cuando empiezan muchas cosas.


La inseguridad constante. El miedo a exponerte.

La necesidad de aprobación. La dificultad para confiar. El sentirte menos, incluso cuando nadie te está atacando. Y algo muy importante: esa sensación de estar siempre alerta, como si en cualquier momento algo fuera a volver a pasar.

Eso también es una huella.


Cuando te haces pequeña para sobrevivir.


Hay un capítulo especialmente duro donde hablo de cómo, sin darte cuenta, empiezas a hacerte pequeña.

Hablar menos. Opinar menos. Mostrarte menos.

No porque no tengas nada que decir.

Sino porque aprendiste que destacar podía convertirse en peligro. Y eso, con el tiempo, se convierte en una forma de vivir.

Te adaptas. Te moldeas. Te escondes.

Hasta que un día te das cuenta de que ya no sabes muy bien quién eres sin todo eso.


Repetir sin saberlo.


Otra de las cosas que explico en el libro es algo que cuesta aceptar. A veces, sin darnos cuenta, repetimos.


No las mismas situaciones exactamente…

pero sí la sensación.

Relaciones donde no te valoran. Espacios donde te sientes fuera. Personas que, de alguna forma, vuelven a colocarte en ese lugar.

No porque lo busques. Sino porque es lo que aprendiste como familiar.

Y salir de ahí implica algo muy profundo: cuestionar lo que siempre has creído sobre ti.



El momento en el que todo empieza a cambiar.


Pero también hay otro capítulo. Uno diferente.

El capítulo en el que empiezas a entender.

En el que empiezas a darte cuenta de que todo eso que llevas dentro… no empezó contigo.


Que no naciste sintiéndote insuficiente. Que no naciste pensando que no valías. Eso te lo enseñaron. Y cuando entiendes eso, algo se mueve.

Porque si lo aprendiste… también puedes desaprenderlo.



Escribir para reconstruirte.


Mi libro no es solo una historia. Es un proceso.

Es la forma en la que empecé a poner orden a todo lo que había dentro. A darle sentido.

A sacarlo fuera. A dejar de cargar con cosas que nunca fueron mías.


Y también es una forma de decirle a quien lo lea: si te has sentido así… no estás exagerando, no estás siendo débil, no estás solo.



No estás roto.


Si has llegado hasta aquí, quiero que te quedes con esto: No naciste roto. No naciste insuficiente.

No naciste mal. Te enseñaron a verte así.

Y aunque eso deja huella… no es el final.

Porque la forma en la que aprendiste a mirarte

también puedes cambiarla.


Y ahí… ahi es donde empieza todo. Este libro nace precisamente ahí. En ese lugar, donde empiezas a entender lo que te pasó, en donde puedes poner palabras a lo que sientes … y empiezas a entenderte y a aprender a reconstruirte.


Si alguna parte de este texto ha resonado contigo,

si en algún momento te has sentido reflejado/a…

quizá este libro también sea para ti.

 
 
 

Comentarios


bottom of page