top of page
Buscar

Hoy no puedo con todo.

Hoy me duele todo. Pero no es un dolor que se vea.

Es de esos que no se curan durmiendo, ni respirando hondo, ni repitiéndote “ya pasará”.

Hoy tengo la cabeza llena de ruido y de palabras que no dije y de otras que ojalá nunca hubiera escuchado… Y se quedan ahí. Dando vueltas.

Repitiéndose. Haciéndose cada vez más grandes.


Hoy no estoy fuerte; no soy esa versión de mí que puede con todo. Hoy soy la que se rompe en silencio, la que intenta recomponerse mientras por dentro se desmorona.Y lo peor no es lo que ha pasado. Es lo que se queda después: la sensación de vacío. De no importar lo suficiente.

De dar, dar y dar… y aun así sentir que nunca llega de vuelta lo que necesitas… ni lo que mereces.


Hoy me siento pequeña. Muy pequeña.

Como si todo me superara. Como si cualquier cosa fuera demasiado. Me duele el cuerpo, pero más me duele la mente: no se apaga, no descansa…

Porque no me deja en paz.


Y sí… hay gente que piensa que exagero.

Que debería ser más fuerte. Que “no es para tanto”.

Pero cuando estás dentro… cuando eres tú quien lo siente… todo pesa el doble. Hoy no tengo respuestas. No tengo claridad.

No tengo esa frase bonita que lo arregla todo. A veces vuelvo a ese lugar donde no encuentro el sentido de mi vida, y da miedo… mucho miedo.

Hoy solo tengo una mezcla de tristeza, rabia y agotamiento que no sé muy bien dónde dejar.


Y aun así… aquí estoy. Por mis hijos. Porque merecen ser felices. Porque merecen tener una madre feliz, no solo una madre que resuelve. Porque necesito dejar de fingir que puedo con todo. Hoy no soy la versión que inspira.

Hoy soy la versión que sobrevive como puede.

La que se sostiene con lo poco que le queda.

La que intenta no romperse del todo

aunque sienta que está al límite.


Y quizá mañana esté mejor. O quizá no.

Pero hoy… hoy solo estoy intentando no desaparecer dentro de todo lo que siento.

Y hay algo que duele especialmente…


Darte cuenta de que, mientras tú estás así,

el mundo sigue como si nada. La gente sigue con su vida. Respondiendo cuando quiere.

Apareciendo y desapareciendo sin pensar

en lo que dejan en ti. Y tú… tú te quedas con todo.


Con lo que pasó. Con lo que no se habló.

Con lo que te hubiera gustado que fuera distinto.

Hoy me pesa sentir tanto. Me pesa ser así.

Porque a veces me gustaría ser de esas personas a las que todo les resbala. Que no se quedan pensando. Que no se rompen por dentro

por cosas que otros olvidan en minutos.

Pero no soy así. Yo siento todo. Muy dentro. Muy fuerte. Y eso… a veces es un regalo. Pero otras veces, como hoy, es una carga.


Hoy me duele haber esperado lo que nunca llegó. Hoy me duele esa sensación de quedarme sola justo cuando más necesitaba lo contrario. No es solo tristeza. También hay rabia. Porque en el fondo siempre busco la “explicación”, el porqué…

Rabia por tener que recomponerme una y otra vez, tener que hacer de fuerte cuando lo que necesito

es que me sostengan a mí. Porque sí… yo también necesito que me cuiden. Que me vean… que me escuchen…


Yo también necesito que alguien se quede.

Que alguien responda. Que alguien no me haga sentir invisible.

Pero hoy eso no está. Y lo más duro es aceptar eso sin romperme del todo. Llega un punto en el que te cansas de esperar, de justificar, de tener que entender siempre.


Hoy no quiero entender.


Hoy solo quiero sentir lo que hay… aunque duela.

Aunque me incomode. Aunque no tenga sentido.

Porque fingir que estoy bien… llevo años haciéndolo y eso sí que me rompe de verdad.

Así que no.

Hoy estoy mal. Y aunque no lo parezca…decirlo también es una forma de no perderme del todo.


No tengo todas las respuestas… pero sí

muchas palabras que me ayudaron a no romperme del todo.

Algunas están aquí. Otras… las dejé en mi libro.



María Timiraos ❤️‍🩹



 
 
 

Comentarios


bottom of page